Hay una escena que se repite. Alguien pregunta dónde cenamos y dices «como veáis», teniendo una opinión clarísima. Alguien te pide un favor en mal momento y dices que sí. Alguien te pisa una frase y te ríes.
Nada de eso es amabilidad. O no solo.
Ver todos los lados es una habilidad. Y una trampa
A quien entiende a todo el mundo se le suele felicitar, y tiene mérito: hace falta atención para sostener a la vez la razón del otro y la propia. El problema aparece en el orden. Primero entiendes al otro, después te entiendes a ti, y muchas veces no llegas a la segunda parte porque la conversación ya se cerró.
La habilidad se convierte en costumbre, y la costumbre en carácter. Dicen que no te alteras. A veces solo estás callando.
No es que evites el conflicto. Es que sabes lo que cuesta
Esta es la parte que casi nadie dice. Quien no discute no lo hace por temperamento sereno: lo hace porque en algún momento aprendió que decir «no» cambiaba algo. El tono de una casa, el humor de alguien, el sitio que ocupabas en un grupo.
Aprendiste que la paz salía barata y el «no» salía caro. Desde entonces pagas en la moneda que menos duele a corto plazo.
Dos formas de agradar
Pam, en The Office, pasó años detrás de un mostrador diciendo que no pasaba nada. La serie la cuenta como la tímida. No era timidez: era no molestar convertido en costumbre. Y no molestar, sostenido muchos años, se parece bastante a desaparecer.
Kathryn Merteuil, en Crueles intenciones, es la persona más encantadora de la película y también la más peligrosa. No a pesar de caer bien: precisamente por eso. Escucha como nadie, y por eso sabe dónde duele. Su amabilidad lleva cuentas.
Las dos agradan. Una se borra y la otra cobra. Casi todo el mundo está en algún punto entre las dos, y ese punto se mueve según con quién estés.
Quedarse en medio también es elegir
La frase incómoda es esta: no decidir es una decisión, y suele ir contra ti. La conversación que no tienes no desaparece, se muda a tu cabeza y allí se repite con mejores respuestas cada vez.
No hace falta volverse alguien que discute por deporte. Basta con notar el momento exacto en que dices «como veáis» sabiendo la respuesta. Ese segundo es el dato.
Y esta semana
En Tisbo, esta semana se mira de dónde viene la presión y qué frase se quedó dentro. No hay que escribir nada: se responde.
